Té Kukicha bio

El té que los maestros japoneses no tiraban a la basura — y menos mal.

Kukicha ecológico 100 %: hoja, rama y tallo de té verde tostado, envejecido un mínimo de 3 meses y tostado al final del proceso para conseguir su aroma dulce y herbáceo característico. Cero aditivos, cero relleno, cero postureo — solo la planta, entera.

En Japón nació como el té de los que no desperdiciaban nada: los tallos y ramas que sobraban de recolectar sencha se aprovechaban, se tostaban con paciencia, y con el tiempo se ganaron fama propia. Hoy es justo lo que busca el mundo del bio hacking en su ritual matutino: un ingrediente funcional con la combinación natural de teína y L-teanina de la Camellia sinensis, la misma dupla que tantos citan como su nootrópico cotidiano para arrancar el día con foco, sin los picos de un café solo.

🍵 Aroma tostado, dulce y herbáceo — nada que ver con un té verde cualquiera 🌿 Hoja, rama y tallo de la misma planta, sin partes descartadas 🧠 Teína + L-teanina de forma natural — el combo que el bio hacking ha puesto de moda 🍃 100 % ecológico, sin transgénicos, sin irradiar y sin tonterías

Cómo tomarlo en tu desayuno: ☕ Como alternativa al café de la mañana — mismo ritual, energía más suave y sostenida 🫖 Recién hecho, en agua bien caliente, mientras preparas el resto del desayuno 🍞 Acompañando tu tostada, granola o bizcocho — el tostado del té combina con lo tostado del pan 🧊 Frío, si prefieres arrancar el día con algo más refrescante en verano

Empieza el día con un ritual, no con una prisa.

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Té Kukicha bio

El kukicha viene de Japón y nace, literalmente, de lo que otros tés desechan: las hojas, ramas y tallos deCamellia sinensisque quedan tras recolectar sencha o bancha. Lejos de ser un descarte, ese tallo se convirtió en un té con carácter propio. El proceso empieza con la cosecha y un paso rápido por vapor, después se enfría y se frota y seca repetidamente hasta conseguir el "aracha", el té verde en bruto. A partir de ahí llega la parte menos habitual: un envejecimiento de un mínimo de 3 meses que asienta su sabor, antes de cortarlo, tamizarlo, mezclarlo y —el paso que le da su firma— tostarlo. Ese tueste final es lo que transforma un té verde cualquiera en algo con notas dulces y herbáceas, más parecido a un cereal tostado que al verde vegetal que esperarías. Un té que empezó como aprovechamiento y terminó siendo, para muchos, el favorito de la mañana.

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